Hay fechas que no caben solamente en los libros. Fechas que necesitan una voz, una pausa, una explicación sencilla y profunda para volver a tener sentido.

Escuche al profesor Sinfontes

 

El 5 de Julio es una de ellas. No es apenas un día marcado en el calendario patrio, ni una ceremonia repetida por costumbre. Es, como recuerda el profesor Aníbal Sifontes, la fecha máxima de la venezolanidad, porque ese día comenzó a tomar forma definitiva la decisión de ser un país libre.

Desde su oficio de maestro y su memoria de educador deltano, Aníbal Sifontes mira el 5 de Julio más allá de la fecha escolar. Lo explica como quien todavía siente la responsabilidad de enseñar: con pausa, con contexto y con la convicción de que la historia debe contarse para que no se pierda.

Desde esa mirada, el profesor Sifontes reconstruye los hechos que llevaron a la declaración de independencia de Venezuela.

Después de la renuncia del capitán general Vicente Emparan, se nombra la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII. Aquello, más que una expresión de fidelidad al rey español, formaba parte de una estrategia política que venían siguiendo los patriotas venezolanos para llegar, en el momento indicado, a la declaración definitiva de la independencia.

Al mismo tiempo comenzó a organizarse un grupo de patriotas entre los que estaban Simón Bolívar, José Félix Ribas, Francisco Isnardi, Vicente Salias, el Marqués del Toro y otros venezolanos comprometidos con la causa emancipadora. También hay que recordar el papel de las mujeres, porque aunque en aquella época no podían participar directamente en la política, desde sus casas alentaban, aconsejaban y empujaban a sus esposos a tomar la decisión de luchar por una Venezuela libre e independiente.

De ese ambiente nace la Junta Patriótica. Su propósito era claro: presionar a la Junta Suprema para que convocara un Congreso Nacional con capacidad de discutir y declarar la independencia del país. Y así ocurrió. Se convocó el Congreso, se eligieron diputados de varias provincias de la Capitanía General de Venezuela y comenzaron las discusiones sobre el destino político de la nación.

La decisión no fue inmediata. El Congreso demoraba en declarar la independencia porque algunos consideraban que todavía no era el momento oportuno. Había temor, dudas y prudencia política, porque declarar la independencia significaba romper de manera absoluta con el dominio español y asumir las consecuencias de esa decisión.

Sin embargo, la Junta Patriótica insistía. Sus integrantes sostenían que Venezuela no podía seguir esperando. El 4 de julio de 1811, un día antes de la histórica sesión, Simón Bolívar tomó la palabra y expresó con firmeza que ya era tiempo de declarar la independencia. Después de 300 años de colonia, no había razón para continuar postergando una decisión que el país reclamaba.

El Congreso fue convocado entonces para el 5 de julio con un punto central: discutir si era conveniente o no declarar la independencia de Venezuela. Luego de largas deliberaciones, los diputados acordaron que había llegado el momento. La mayoría votó a favor. Solo el padre Maya, diputado por La Grita, salvó su voto porque mantenía la posición de que todavía no era tiempo para dar ese paso.

Con ese voto salvado, se declaró formalmente la independencia del país. Luego se ordenó a Francisco Isnardi y a Vicente Salias la redacción del Acta de la Declaración de Independencia.

Es importante hacer una aclaratoria: una cosa fue la sesión del 5 de julio y otra la firma del acta. La minuta de aquella sesión fue revisada y firmada el 7 de julio, después de que los diputados hicieran las observaciones correspondientes sobre sus intervenciones. El Acta de la Declaración de Independencia, en cambio, fue preparada posteriormente y se firmó el 11 de julio de 1811.

Ese día, Francisco Isnardi leyó el documento ante el Congreso. El acta comenzó invocando a Dios Todopoderoso y a los representantes de las provincias reunidas. Allí se recogía la idea de que los pueblos tienen derecho a ser libres y a decidir su propio destino. Con esa declaración, Venezuela afirmaba solemnemente que debía ser libre e independiente para siempre.

Pero declarar la independencia no significaba haberla conquistado por completo. A partir de ese momento, Venezuela tuvo que prepararse para la guerra, porque era evidente que España no iba a entregar su colonia sin resistencia.

Por eso se nombró al generalísimo Francisco de Miranda como comandante del Ejército patriota. Miranda dirigió los primeros momentos de la guerra de independencia, pero luego, ante los reveses militares y la pérdida del castillo de Puerto Cabello, decidió capitular. Con esa capitulación se perdió la llamada Primera República.

Más adelante, en 1813, Simón Bolívar restablece la República con la Campaña Admirable. Sin embargo, esa nueva etapa también se pierde en 1814, en medio de la violencia de la guerra y de las acciones de José Tomás Boves, uno de los jefes realistas más sanguinarios de aquel tiempo.

Luego vendría el restablecimiento de la Tercera República y la convocatoria del Congreso de Angostura, donde Bolívar plantea una visión política mucho más amplia: la creación de la Gran Colombia, integrada por Venezuela, Nueva Granada y Ecuador.

Esa es, en términos generales, la secuencia histórica que se abre después del 5 de julio de 1811. Ese día se declara la independencia; después vendría la lucha para conquistarla y sostenerla.

Hay también un episodio vinculado al Delta que merece ser recordado. El 4 de julio, Simón Bolívar estuvo en Casacoima. Los historiadores no siempre explican con claridad qué hacía Bolívar allí, porque en esa zona no había un contingente español al cual combatir. Sin embargo, desde la memoria oral de Piacoa se conserva una explicación.

Cuando fui maestro en Piacoa, las personas mayores contaban que en la zona de Casacoima vivía una familia de apellido Tovar. Esa familia tenía cría de ganado vacuno, caballos, trapiches donde se hacía papelón y sembradíos de maíz, arroz y otros productos. Aunque era una familia de origen español, se había declarado a favor de la independencia.

Por eso sostengo que Bolívar fue a Casacoima a entrevistarse con esa familia. Según aquellos relatos, los Tovar le dieron importantes recursos al Libertador: caballos para la tropa, ganado para alimentar a los soldados y también dinero para la causa patriota.

Esa ayuda habría sido compensada posteriormente con la entrega de terrenos en la zona del hato de Casacoima, el hato de Salamina y las sabanas y potreros de Piacoa. Esa versión me la confirmó también Pablo Ruiz, un hombre coriano que fue sargento ayudante del general Juan Vicente Gómez y que terminó residenciado en Piacoa después de la batalla de Soledad, en 1903.

Cuando conocí a Pablo Ruiz, ya tenía 84 años, pero conservaba una lucidez extraordinaria. Él relataba con claridad la historia de aquella familia Tovar y la ayuda que le habría prestado al Libertador. En Piacoa, según se decía, todavía quedaba la casa de los últimos Tovar que vivieron en la zona.

También recuerdo que en 1995 unos vecinos de Piacoa me contaron que una descendiente de esa familia había visitado el pueblo. En su pasaporte aparecía que había nacido en Venezuela, en la población de Piacoa, entonces perteneciente al departamento Tucupita del Territorio Federal Delta Amacuro. Ese detalle reforzaba la memoria de que aquella familia tenía raíces profundas en esa tierra.

Ese contexto permite comprender mejor la presencia de Bolívar en Casacoima. Fue allí donde, sorprendido por una avanzada realista, tuvo que lanzarse a la laguna de Casacoima y permanecer oculto durante varias horas. Después salió con fiebre y, según relataron sus oficiales, tuvo un delirio que algunos interpretaron como locura.

Pero Bolívar no estaba loco. Era un hombre agotado, enfermo, perseguido y sometido a una presión inmensa. En medio de ese estado, parecía mirar más allá del momento inmediato. Hablaba de lo que pensaba hacer para lograr no solo la independencia de Venezuela, sino también la de Nueva Granada, Ecuador y Perú.

Aquella visión terminaría abriendo el camino para la creación de Bolivia, territorio que entonces formaba parte del Alto Perú. Bolívar comprendió la situación social y política de esa región y propuso la creación de una república independiente. Sus propios habitantes decidieron darle el nombre de Bolivia, en honor a su fundador.

Por eso el 5 de Julio debe ser entendido como nuestra fecha patria fundamental. Ese día los venezolanos tomaron la decisión política de declarar la independencia absoluta del imperio español. Lo que se declaró en 1811 se conquistó definitivamente el 24 de junio de 1821, en la gloriosa Batalla de Carabobo, dirigida por nuestro Libertador Simón Bolívar.

En esa batalla participaron grandes héroes de la patria, entre ellos José Antonio Páez, Manuel Cedeño, Ambrosio Plaza y Pedro Camejo, el Negro Primero. Todos ellos forman parte del sacrificio que hizo posible la libertad venezolana.

La independencia de Venezuela costó sangre, sacrificio, lucha y años de guerra. Por eso los venezolanos debemos defenderla y mantenerla a toda costa, libre de toda injerencia extranjera, venga de donde venga y se llame como se llame.

Venezuela es un país libre e independiente. No tiene por qué permitir que ninguna potencia extranjera pretenda someterla a su yugo.

El 5 de julio de 1811 se declaró la independencia. El 24 de junio de 1821, en Carabobo, se conquistó en el campo de batalla aquello que ya había sido declarado por la voluntad política de los venezolanos.

Esa es la importancia del 5 de Julio: fue el día en que Venezuela decidió ser libre.

Este trabajo recoge y ordena, para su lectura, el relato oral del conspicuo profesor Aníbal Sifontes, educador deltano y formador de generaciones. Algunas referencias corresponden a la memoria histórica transmitida en el Delta del Orinoco, especialmente en torno a Casacoima y Piacoa, por lo que se presentan como parte de esa tradición oral.

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