Pedro Juan Krisólogo
El arte y lo utilitario se conjugan en la creación de las manufacturas como la cestería practicada por los naturales de Venezuela. Ello constituye como el cañamazo de fibras vegetales para plasmar un mensaje a la mente avisada, al cerebro despierto, aprovechando unas coordenadas espaciales concebidas en campos a escala reducida, apropiada para la mente del común humano; las que trasladadas a otra dimensión adquieren la plenitud de la expresión absoluta.
La cestería incorpora diseños, materiales, estilos, modelos y precios como elementos funcionales y decorativos. Ello informa el arte primario, que vale tanto como decir prehispánico y se determina en distintos focos de la geografía nacional, practicado por sus indígenas, así en Amazonas, Zulia, Apure, Anzoátegui, Bolívar, Delta Amacuro, Monagas, Sucre y Nueva Esparta. Lo artístico se deriva de la concepción de un Universo centrado en un algo económico, mágico, sexual, religioso, orientado a la conservación del individuo y el grupo en una síntesis cosmológica y cosmogénica transcendental y perenne.
Perfil del indio Warao
Trazar la semblanza de los indios Warao es referirnos a una etnia distribuida en setenta cacicatos, a los que corresponden los setenta desaguaderos de caños por donde el Orinoco vierte sus aguas en el mar. Como núcleo principal su situación se inscribe en la parte Nor-oriental de la República de Venezuela, en lo que constituye el estado Delta Amacuro. Son grupos sociales que durante siglos vivieron en palafitos.
Son recolectores de peces, de caza y de frutos, se catalogan como etnias arcaicas. Sus constitutivos sanguíneos los clasifican en el grupo RHO negativo. El factor Diego en mínimo, en la periferia, pues siempre se mantuvieron guerreando contra los Caribes. Practican la artesanía de juncos, madera y algo la cerámica puesto que fueron los maestros de los Arahuacos, sus aliados. La cerámica va siendo suplantada por las ollas de metal. Los Warao conocían los metales y en los siglos XIV, XV y XVI eran los intermediarios del tráfico de oro entre la Guayana y las Antillas.
Todavía las piedras son objeto de veneración para ellos. Al oro y a la plata la llaman Korokori; al cobre simoida; dichos materiales los transportaban y vendían en planchas de chagualas, aguilillas, collares e idolillos que constituían el encanto de los ingleses, españoles, franceses y demás bucaneros. Cubiertos de oro y perlas los vio Colón en Macuro. Actualmente son unos 30.000 individuos que viven en etapa de transculturación bajo la tutela del Gobierno Nacional y las Misiones de Franciscanos Capuchinos.
La cestería se estructura por el arte de la sencillez, refinando estilo y gracia. El artista plasma los componentes de su origen con los ingredientes de su intensa cosmogonía, rica en símbolos ancestrales que se resisten a desaparecer en el torbellino del cambio cultural.
Materiales
El aporte de la fabricación de las cestas lo constituye el uso de una planta que crece en las marismas y lagunazos del amplio litoral deltano, a la cual en venezolano llaman tirite y en la voz autóctona «SEJORO». Al tallo de dicha planta se le desprende una sección longitudinal comprendida dentro de la corteza, la cual es sometida a los procesos de corte, humectación, flexibilización, tejido y secado.
Se emplean:
-Finos bastidores de madera.
-Fibras de la palmera de Moriche.
-Barnices de resinas vegetales.
-Encolados de savias de plantas.
-Colorantes azules de caruto y rojos.
Procesos de elaboración
Llama la atención la facilidad con que se manejan las fibras rectoras en el entretejido del objeto a elaborar, en manos de la persona experimentada, generalmente las mujeres.
La habilidad desplegada en el manejo de los materiales delicados, quebradizos y deleznables junto a las técnicas del tratamiento heredado de familiares, va conformando todo un arte en la confección manual, modelos y decoración.
Motivos decorativos
El impulso creador y conceptual en la decoración los lleva a escoger motivos simétricos, sin descuidar frecuentemente los temas impares y sobre todo asimétricos. Esta asimetría les distingue en los adornos impresos en sus objetos de las otras etnias donde se cultiva la cestería. Se prefieren así mismo los símbolos geométricos, romboidales, los cuadrados, rectangulares, circulares, puntos y signos que transmiten el mensaje del Shaman o Wisidatu, quien les inspira, como última instancia, en el orden jerárquico por su vecindad con el Ito Ari de la Divinidad. Así van surgiendo: U, la cesta en general; UMUTA, cesta cilíndrica; USEJORO, mapire de forma cónica; UMARA, mapire con asa para introducir los brazos; UTOTO-TORO, baúl; TOROTORO, joyero; UJU, canasto cilíndrico con asa; ARUJUBA, sebucán artefacto para exprimir; MANARI, manare o cernidor de forma cuadrada sujeto a un soporte de madera; BIJI, guapa o bandeja circular abombada con materiales resistentes; JABI, sonajero o maraquita de los rituales; WARIWARI, abanico o soplador.
Sabido es que el arte supone una significación concreta y debe ser juzgado en lo que encierra del contexto individual y social que lo produce, ya que emana de una experiencia comprensible plenamente por su autor.
No cabe duda de que en la cestería aparecen en la textura signo criptográficos, ya octogonales, ya exagonales, como los triángulos superpuestos, ya claves que recuerdan a la «Estrella de David», ya también constelaciones como la «Senda del Manatí» (Vía Láctea), el «Camino de las Tortugas», ya también los «Hijos del Morocoto» y sobre todo el Lucero Matutino, es decir «Jokona Kura» como la constelación «NOJI JABASI», o sea «Uno de los Muslos», de su brillante mitología.
Aplicación utilitaria
La especialidad en la utilización de las cestas ha determinado el dominio de la más depurada técnica de usos, y nombres según los destinos a los cuales se les asigne.
Se catalogan en:
-Utensilios para transporte de frutos.
-Bandejas vegetales.
-Cribas para refinar harinas.
-Abanicos.
-Cajas vegetales.
-Baúles para guardar objetos.
-Joyeros.
-Instrumentos para deshidratar masas.
-Jaulas para transporte de aves.
-Trampas para pescar.
-Velas para la navegación.
-Sombreros y quita soles.
-Ceñidores para los bailes ceremoniales.
-Juegos para niños.
-Maracas y sonajeros.
-Esteras.
-Tapices.
La nueva cestería
Ha surgido a competir en el mercado desde hace varios años, una cestería renovada, mucho más primorosa, ajustada a la aceptación de los clientes y consumidores, confeccionada con las fibras de la palmera de Moriche; es también auténtica con nuevo estilo, modelo y decoraciones, inspiradas en los viejos patrones de la decoración y normas. Varía de tamaño y se adapta a las formas inspiradas en el atuendo y los adminículos de las damas. Así surgen nuevos joyeros, bolsos de señoras, mochilas para niños, maletines para estudiantes. Para ello se valen de agujas, fibras de colores variados, flores y tintes vegetales de finos matices. Todos estos objetos son piezas dignas de honrar vitrinas de museos, tiendas de modas, tocadores de refinados gustos en todos los continentes.
PEDRO JUAN KRISÓLOGO nació en Araguaimujo en 1928. Muy joven fue traído a Tucupita por los Hermanos Capuchinos. De notable agudeza mental, cumplió con los estudios en la localidad. Más tarde, ingresó a la Universidad Complutense de Madrid e hizo estudios de Antropología en México. En 1998 ingresó a la Academia Venezolana de la Lengua, ocupando el sillón de Fray Cesáreo de Armellada, a la muerte de este. El Banco Central ha editado sus obras sobre linguística y mitos indígenas. Murió en el 2002.
Próximamente publicaremos su Discurso de ingreso a la Academia. Como acto de justicia, Tucupita debería dar su nombre a alguna importante organización cultural.
