Gráfica: Banksy
Por Demys Martínez
Había una vez un hombre llamado Gabriel, un ser humano honesto y dedicado que parecía tenerlo todo en su vida. Ya había construido una hermosa familia junto a su esposa, dos hijos adorables, una casa acogedora y un carro confiable. Su matrimonio parecía transcurrir sin mayores complicaciones, enfrentando los altibajos que cualquier relación puede tener.
Pero, como sucede a veces en la vida, el destino decidió entrelazar caminos que nunca imaginó. En su lugar de trabajo, Gabriel conoció a una mujer llamada Vanessa. Al principio, solo eran compañeros de equipo, compartiendo largas horas laborales y participando en proyectos en conjunto. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, los intereses comunes y las conversaciones profundas comenzaron a unirlos cada vez más.
A pesar de las circunstancias en las que ambos se encontraban, Gabriel casado y Vanessa con una hija y un novio, el amor no entiende de lógica y su inesperado vínculo se convirtió en algo más poderoso. Cada encuentro, cada mirada, cada conversación secreta aceleraba sus corazones y los hacía desear desesperadamente más.
Se entregaron en cuerpo y alma a una pasión prohibida, sabiendo que cada beso y cada abrazo era un momento de felicidad efímera. En los momentos compartidos entre sábanas, olvidaban por un instante la triste realidad de que su amor nunca podría funcionar plenamente en el mundo real que los rodeaba.
Gabriel y Vanessa comenzaron a percibir lo inevitable que se avecinaba. Ese sentimiento agridulce de felicidad y tristeza se instalaba en cada uno de sus encuentros secretos. Sabían que tarde o temprano tendrían que enfrentar la realidad.
Una tarde en un hotel anónimo, rodeados por las sombras del ocaso, Vanessa tomó la mano de Gabriel y lo miró a los ojos con una mezcla de esperanza y resignación. «Bésame hasta que se me olvide que lo nuestro no podrá continuar», susurró, dejando escapar una lágrima solitaria.
Gabriel, cautivado por esa beldad y vulnerable ante sus palabras, le acarició el rostro suavemente y besó con todo el amor que había acumulado en su corazón.
El momento había llegado y, viendo con claridad, «con los pies pisando tierra» ambos entendieron que sus familias estaban por encima de sus propios deseos; incluso el amor que sentían.
_No sé cómo nos encontramos en este camino prohibido, pero el tiempo que compartimos fue el más hermoso de mi vida, siempre llevaré nuestro amor en mis recuerdos más profundos_ decía Gabriel con voz quebrada. Vanessa nuevamente susurró. _Bésame hasta que se me olvide…
En ese beso ardiente, se despidieron y prometieron recordar cada momento vivido, cada risa compartida y cada secreto revelado.
Aunque sus vidas sigan caminos separados, siempre recordarán con cariño aquellos meses de entrega total que les enseñaron lo hermoso y trágico que puede ser el amor en todas sus manifestaciones.
Y así, la historia de Gabriel y Vanessa sigue perdurando en algún rincón del mundo, dejando huellas imborrables en almas que suspiran por un amor que nunca pudo ser. En silencio, continúan deseándose la felicidad desde la distancia, manteniendo vivo el recuerdo de aquel amor puro y bonito que siempre les pertenecerá.

Me encanto la historia