Tocar la tierra y las plantas podría beneficiar la piel y el sistema inmunológico

El contacto frecuente con la tierra, la hierba, los árboles y otros elementos naturales podría favorecer la diversidad de microorganismos presentes en la piel y generar efectos positivos en el sistema inmunológico, según investigaciones realizadas en Finlandia reseñadas por BBC Future.

Los estudios analizan cómo la exposición directa a ambientes naturales modifica la microbiota de la piel, es decir, la comunidad de microorganismos que vive sobre nuestro cuerpo y que puede ayudar a mantener bajo control la presencia de bacterias potencialmente perjudiciales.

Mira Grönroos, ecóloga e investigadora del Instituto Finlandés de Medio Ambiente, realizó un experimento en el que varios participantes mantuvieron contacto durante apenas 20 segundos con tierra, turba y musgo. Después de la exposición se registró un aumento en la abundancia y variedad de microbios presentes en sus manos, incluso después de enjuagarlas con agua.

Los investigadores consideran que una mayor diversidad de microorganismos puede contribuir al equilibrio de la microbiota cutánea y dificultar que determinadas bacterias patógenas lleguen a dominar ese ecosistema.

Niños y naturaleza

Parte de las investigaciones se desarrolla en guarderías de Finlandia, donde los científicos estudian qué ocurre cuando los niños tienen contacto cotidiano con tierra, plantas, arena, árboles y otros materiales naturales.

En una investigación dirigida por la científica ambiental Marja Roslund, se incorporaron elementos similares al suelo de un bosque en el patio de una guardería. Los niños jugaron regularmente en ese ambiente y posteriormente fueron comparados con pequeños que utilizaban espacios pavimentados.screenshot 20260919 104305

Un año después, los niños expuestos al suelo forestal mostraban una mayor diversidad de microorganismos en la piel. Los investigadores también encontraron una menor presencia de algunos patógenos potenciales.

Los estudios fueron más allá de observar solamente la piel. En otro experimento, niños que jugaron con arena enriquecida con una mayor diversidad microbiana presentaron cambios en ciertos marcadores del sistema inmunológico conocidos como citocinas.

De acuerdo con los investigadores, estos cambios estuvieron relacionados con mecanismos de inmunorregulación, que permiten al organismo responder ante amenazas sin que el sistema inmunológico reaccione de manera excesiva.

Sin embargo, los científicos advierten que todavía no puede afirmarse que estar en contacto con la naturaleza evite enfermedades como el asma, el eccema o las alergias. La investigación continúa para determinar hasta qué punto estos cambios pueden traducirse en una reducción del riesgo de padecer determinados trastornos relacionados con el sistema inmunológico.

También hay resultados en adultos

Los posibles beneficios no se han observado únicamente en niños.

En otro estudio, varios adultos cultivaron hortalizas dentro de sus casas durante un mes. Algunos utilizaron tierra con una elevada diversidad de microorganismos y otros trabajaron con un suelo de apariencia similar, pero con menor diversidad microbiana.

Entre quienes estuvieron expuestos a la tierra más diversa se encontró un aumento en la variedad de bacterias presentes en la piel y también cambios en determinados indicadores antiinflamatorios de la sangre.

Experimentos realizados en oficinas finlandesas con paredes cubiertas de plantas vivas también encontraron, después de dos semanas, una mayor diversidad microbiana en la piel de los trabajadores y una disminución de algunos marcadores proinflamatorios.

Los resultados forman parte de una línea de investigación relacionada con la llamada “hipótesis de la biodiversidad”, que plantea que la reducción del contacto humano con ambientes naturales ricos en microorganismos podría tener efectos sobre nuestro microbioma y sobre el funcionamiento del sistema inmunológico.

Aunque todavía quedan preguntas por responder, las investigaciones apuntan a que actividades tan sencillas como jugar en espacios naturales, cultivar plantas, tocar la tierra o mantener mayor contacto cotidiano con áreas verdes pueden favorecer una mayor diversidad microbiana.

La ciencia aún estudia la magnitud de esos posibles beneficios y sus consecuencias a largo plazo, por lo que los resultados no deben interpretarse como una garantía para prevenir enfermedades.

Con información de Becca Warner / BBC Future.

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