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Tabaco y vapeadores: una alerta para Tucupita
Cuidar la salud no siempre comienza en un consultorio. A veces empieza en una conversación familiar, en una advertencia hecha con cariño, en una maestra que observa algo raro en la conducta de un estudiante, o en una madre que decide hablar a tiempo con su hijo antes de que una moda termine convertida en dependencia.
El tabaquismo sigue siendo una de esas amenazas conocidas, pero muchas veces subestimadas. Se sabe que hace daño, se sabe que enferma, se sabe que puede matar, y aun así continúa presente en hogares, calles, espacios públicos y, con nuevas formas, también cerca de los jóvenes.
La doctora Elennis Marcano, doctora coordinadora al programa antitabáquico de la división CAREMT en el Delta, recordó un dato que debería bastar para encender todas las alarmas: el cigarrillo contiene unas 7.000 sustancias químicas, de las cuales 250 son nocivas y 70 están relacionadas directamente con el cáncer.
No se trata solo de los pulmones. El tabaco va dejando huellas en todo el organismo. Puede afectar el corazón, estrechar las arterias, favorecer la formación de placas y trombos, aumentar el riesgo de infartos, anginas y accidentes cerebrovasculares. También puede comprometer los riñones y abrir camino a enfermedades crónicas que, en casos avanzados, terminan afectando profundamente la calidad de vida.
Pero hoy el problema no viene solamente en forma de cigarrillo tradicional. También aparece con colores bonitos, sabores dulces y diseños que parecen inofensivos. Allí entran los vapeadores, esos dispositivos que muchas veces se presentan como si fueran una moda ligera, moderna y sin consecuencias.
La doctora Marcano advirtió que esa apariencia puede engañar, especialmente a niños y adolescentes. Algunos vapeadores parecen marcadores, resaltadores o pequeños accesorios escolares. Detrás de ese diseño atractivo puede estar la nicotina, una sustancia altamente adictiva, capaz de crear dependencia y afectar la salud desde edades tempranas.
Por eso la prevención no puede quedarse encerrada en una oficina. Tiene que caminar hacia la escuela, hacia la casa, hacia la comunidad. Tiene que hablar el idioma de los muchachos, pero también despertar la atención de los adultos.
licenciada Beatriz Gutiérrez, enfermera coordinadora del programa antitabáquico lo explicó con sencillez, e hizo un llamado a padres, representantes y educadores. La salud, dijo en esencia, necesita apoyo. No basta con que el personal sanitario alerte si en casa no se conversa, si en la escuela no se orienta y si la comunidad mira hacia otro lado.
“Necesitamos unirnos para que este mal no siga causando estragos en nuestros jóvenes”, expresó.
Ese llamado tiene mucho valor, porque la prevención verdadera no se impone: se acompaña. Un adolescente difícilmente escucha una orden fría, pero puede entender una explicación honesta. Puede comprender que vapear no lo hace más grande, ni más libre, ni más moderno. Al contrario, puede atarlo desde temprano a una dependencia que luego cuesta romper.
La licenciada Erika Castro, enfermera enfermera coordinadora de la división CAREMT deltana, también recordó la importancia de defender los espacios libres de humo. No se trata solo de quien fuma, sino también de quien respira al lado. Hay personas que van por la calle, al trabajo, a una consulta o a llevar a sus hijos a la escuela, y terminan respirando un humo que no eligieron.
La salud pública también se construye con respeto. Respetar al otro es no obligarlo a respirar lo que le hace daño. Respetar a los niños es no normalizar delante de ellos una práctica que puede enfermarlos mañana. Respetar el propio cuerpo es entender que cada bocanada tiene consecuencias, aunque no se vean de inmediato.
En Delta Amacuro, donde muchas familias todavía se sostienen con esfuerzo, hablar de prevención es también hablar de amor. Porque enfermarse no solo duele en el cuerpo; también golpea el bolsillo, cambia la rutina familiar y llena de preocupación a quienes cuidan.
Por eso vale la pena conversar a tiempo. Preguntar. Orientar. Escuchar. Revisar qué llevan los muchachos en el bolso. No desde la persecución, sino desde la responsabilidad. No desde el regaño vacío, sino desde el cuidado.
El tabaco y los vapeadores no deben verse como asuntos lejanos. Están cerca, se ofrecen con facilidad y muchas veces se esconden detrás de una apariencia inofensiva. La mejor respuesta sigue siendo la misma de siempre: familia presente, escuela atenta, comunidad informada y personal de salud acompañando.
También hubo una orientación importante para pacientes con enfermedades crónicas, especialmente quienes dependen de tratamientos como la insulina. Desde la división CAREMT se informó que cuentan con algunos insumos disponibles, entre ellos insulina 30/70, Lantus, cristalina y jeringas, mientras esperan la llegada de NPH.
La licenciada Erika Castro insistió en algo fundamental: los medicamentos no deben entregarse ni usarse sin control médico. Cada paciente debe llevar su copia de cédula, informe médico, récipe y órdenes médicas, para que el tratamiento sea indicado de forma correcta y segura.
En salud, la ayuda también necesita orden. Un medicamento bien indicado puede salvar; usado sin control, puede causar daño. Por eso, acudir con los documentos y seguir las orientaciones médicas no es una traba, sino una forma de proteger al paciente.
Al final, el mensaje es sencillo: cuidarse no es esperar a estar enfermo. Cuidarse es prevenir, escuchar, preguntar y tomar decisiones a tiempo. Respirar mejor, vivir mejor y acompañar mejor a los nuestros también forma parte del bienestar.



