{"id":496,"date":"2026-06-06T18:34:38","date_gmt":"2026-06-06T22:34:38","guid":{"rendered":"https:\/\/perspectivadelta.com\/?p=496"},"modified":"2026-06-06T18:35:22","modified_gmt":"2026-06-06T22:35:22","slug":"instantanea-con-el-orinoco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/perspectivadelta.com\/index.php\/2026\/06\/06\/instantanea-con-el-orinoco\/","title":{"rendered":"INSTANT\u00c1NEA CON EL ORINOCO"},"content":{"rendered":"<blockquote><p><strong>Jos\u00e9 Balza<\/strong><\/p><\/blockquote>\n<h3>I<\/h3>\n<p>Todav\u00eda resulta perturbador: en alg\u00fan momento advert\u00ed\u00a0 que la inmensidad de las aguas, consideradas como propias desde mi nacimiento, estaban afuera. Debe haber sido hacia los cinco o seis a\u00f1os y tal vez eso ocurri\u00f3 por alg\u00fan grave peligro: la excesiva y amenazadora cercan\u00eda del oleaje ante la puerta de nuestra casa, arrasados ya por la corriente todo el patio y el peque\u00f1o puerto, o en una tormenta, a mitad del r\u00edo, dentro de una estrecha curiara.<\/p>\n<p>Tengo la impresi\u00f3n de que hasta entonces hab\u00edamos sido una misma cosa: el r\u00edo, mis padres, los animales, los hermanos, la casa de barro y temiche, la lluvia y yo.<\/p>\n<p>Algo me llevaba a aquella separaci\u00f3n, inexplicable. Mucho tiempo despu\u00e9s pensar\u00eda que no a todo hombre le est\u00e1 permitido ver la ruptura entre el cuerpo materno y el suyo. Yo, que tampoco la conoc\u00ed, ten\u00eda en esta escisi\u00f3n con las aguas del Orinoco y mi propia realidad, un simb\u00f3lico sustituto, tal vez m\u00e1s poderoso que el acto inicial.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo dar una idea de todo aquello? Las aguas eran la atracci\u00f3n, la delicia, el alimento que yo hab\u00eda conocido siempre. Durante meses dispon\u00edamos del cielo m\u00e1s azul y estrellado; del espejo sereno donde entr\u00e1bamos para cualquier actividad: jugar, ba\u00f1arnos, pescar. El variado e irrepetible verdor de los juncos, las boras y los grandes \u00e1rboles, s\u00f3lo recib\u00edan la competencia de aquellos peces que volaban o transcurr\u00edan junto a nosotros, de las lujuriosas flores de color violeta o rojas y blancas. Durante a\u00f1os, al encontrar peces incrustados en ramas de enredaderas, mi hermano crey\u00f3 que viv\u00edan all\u00ed.<\/p>\n<p>Las aguas eran la atracci\u00f3n, la delicia, pero tambi\u00e9n el horror. Y es esto lo que descubr\u00ed tan tarde, a los cinco a\u00f1os. Una tormenta puede ocasionar p\u00e1nico, con su negrura, los rel\u00e1mpagos y los truenos impetuosos. El viento sacude las casas y el r\u00edo se encrespa. En per\u00edodos de invierno, crece y se lleva caminos, animales, objetos. Un ni\u00f1o peque\u00f1ito debe haber temblado ante el oleaje.<\/p>\n<p>Las aguas mansas \u2013o feroces- pasaban. En el Delta, algunas personas se iban y muy pocas llegaban. Pero los bosques, aun desgarrados por crecientes y lluvias, permanec\u00edan. Sigo siendo un tanto vegetal. Creo que escrib\u00ed para no convertirme en \u00e1rbol por completo. Y a pesar de las separaciones con el r\u00edo (por \u00e9l mismo, por mi salida del Delta, por mis viajes), la unidad con las aguas se ha mantenido siempre. Tanto que hoy me parece extra\u00f1o hablar de ese r\u00edo como si fuese algo distinto de m\u00ed. De all\u00ed la dificultad con que anoto todo esto.<\/p>\n<p>Para quien haya nacido a sus orillas, hablar sobre el Orinoco, de su inmensidad y de su vigor en el Delta, resulta complejo. Y creo que quien lo haga habr\u00e1 partido de aquella escisi\u00f3n vital respecto a su unidad primordial con \u00e9l. El r\u00edo es un destino, quiero decir algo inexorable: sus aguas circulan como nuestra sangre.<\/p>\n<p>Tal vez toda la realidad guarda una ley secreta: la de que, quien la perciba o la viva, debe reflejarla. De manera espont\u00e1nea esto ocurre en nuestro cerebro y por eso llegamos a caminar y a amar: de modo menos expl\u00edcito, quiz\u00e1 all\u00ed se sostenga una de las explicaciones para la existencia del universo mismo. Un f\u00edsico tan reflexivo como Roger Penrose, no ha sido t\u00edmido al considerarlo: \u201cLa conciencia me parece un fen\u00f3meno de tal importancia que sencillamente no puedo creer que sea algo que s\u00f3lo es accidentalmente producido por una computaci\u00f3n complicada: es el fen\u00f3meno en que se hace conocida la existencia misma del universo\u201d. (<em>La nueva mente del emperador<\/em>).<\/p>\n<p>Tal vez, entonces, vivamos para rendir el tributo de lo reflejo, como sentido \u00fanico de nuestra existencia. Toda persona desplaza su existir en una extensa reiteraci\u00f3n, repetici\u00f3n, reinterpretaci\u00f3n de cuanto la rode\u00f3, la ha rodeado y la circundar\u00e1. Gesticular, hablar, so\u00f1ar, ser\u00edan as\u00ed sustitutos y complementos de lo real.<\/p>\n<p>Pero hay personas a quienes su sensibilidad o su historia m\u00e1s secreta las han impulsado a expresar el testimonio de su paso ante lo inmediato. Nadie tiene que ser consciente del hecho: cuando veo la ornamentaci\u00f3n de los Waika, los exquisitos tejidos Makiritares, la cester\u00eda, las danzas y cantos Warao, as\u00ed como los petroglifos, s\u00e9 que todas esas expresiones son una forma distinta de la selva, de los bosques y las aguas. En su inmenso devenir, el r\u00edo se impone para que los ojos y las manos de quienes nacieron en sus orillas o de quienes all\u00ed viven, repitan sus ritmos oscuros, sus insinuaciones m\u00f3viles, su irreductible mensaje acu\u00e1tico.<\/p>\n<p>Innumerables tribus originadas a orillas del Orinoco pasaron como hojas llevadas por la corriente. En la extensi\u00f3n del r\u00edo, algunos de esos seres detuvieron su existencia y su contacto con el mundo (con el r\u00edo) en el dibujo sobre piedras, en tejidos, ornamentos, poemas y pasos de baile. Haber partido (nacido) de las aguas, los devolv\u00eda (los obligaba) a fijarlas: las artes ind\u00edgenas son la herida, la costura, la sangre fresca que marca el contacto entre las aguas y la mentalidad de aquellos individuos.<\/p>\n<p>Yo fui como ellos y nunca entend\u00ed por qu\u00e9 mi manera de realizar la ofrenda, el tributo, ten\u00eda que ser la escritura. En otras ocasiones he contado c\u00f3mo mis familiares maternos, llegados a comienzos del siglo XX desde la isla de Margarita al Delta, eran m\u00fasicos; c\u00f3mo mis familiares paternos, venidos quiz\u00e1 de sangre vasca y luego de los Andes, fueron agudos, neur\u00f3ticos, abstractos. Uno de ellos, soldado de Joaqu\u00edn Crespo, se dej\u00f3 fascinar por el r\u00edo y qued\u00f3 en sus bordes para que naciera mi padre.<\/p>\n<p>Yo deb\u00ed ser silencioso y aislado o parrandero, sensual, armado siempre con una guitarra y conquistando muchachas. Esto \u00faltimo lo hizo quien m\u00e1s se me parece: mi hermano Eudes, el Cantor del Delta. Entretanto, yo practicaba con \u00f3leo y pinceles, con inventos de cine, con libros.<\/p>\n<p>Los libros pero tambi\u00e9n la luz el\u00e9ctrica, introducida por all\u00e1, en 1950.\u00a0 Las radionovelas y las lecturas: todo lo que me dejar\u00eda ahora la tercera orilla del gran r\u00edo: el mundo de lo posible, de lo real convertido en palabras, de la ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ten\u00eda once a\u00f1os y descubr\u00ed simult\u00e1neamente las aventuras de Tamak\u00fan y el melodrama radial, junto a Shakespeare y a Freud y a Julio Verne. Entend\u00eda poco, imaginaba m\u00e1s. Sin darme cuenta hab\u00eda comenzado a adaptar esos argumentos a la realidad \u2013que entonces me parec\u00eda muy pobre- de San Rafael de Manamo. Debo haber colocado al fantasma visto por Hamlet en el barranco, a un encapuchado en el fondo de mi casa, al <em>Nautilo <\/em>del otro lado del r\u00edo. Parad\u00f3jicamente, as\u00ed se hac\u00eda f\u00e1cil narrar cosas de mis t\u00edos y de parejas de enamorados locales como si vivieran en tierras ex\u00f3ticas. El azar me trae en este momento el nombre de Lorna Doone. \u00bfQui\u00e9n era? \u00bfPor qu\u00e9 puse su nombre a una perrita de mi casa? S\u00f3lo casi cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s vuelvo a encontrar en Salamanca la edici\u00f3n que consult\u00e9 en San Rafael: Lorna Doone, <em>A romance of Exmoor, <\/em>escrita por Richard Doddridge Blankmore (1825-1900).<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-500\" src=\"https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-Los-Castillos-1964.jpg\" alt=\"\" width=\"2154\" height=\"1657\" srcset=\"https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-Los-Castillos-1964.jpg 2154w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-Los-Castillos-1964-300x231.jpg 300w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-Los-Castillos-1964-1024x788.jpg 1024w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-Los-Castillos-1964-768x591.jpg 768w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-Los-Castillos-1964-1536x1182.jpg 1536w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-Los-Castillos-1964-2048x1575.jpg 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 2154px) 100vw, 2154px\" \/><\/p>\n<h3>II<\/h3>\n<p>Las clases de Historia recibidas en la escuela y aquellos libros (tantos para un ni\u00f1o de once a\u00f1os: porque tres personas del pueblo guardaban cajas con libros: yo lograba que me los prestaran) guiaban mi deseo y mi confusi\u00f3n. Atend\u00eda a todo y todo era real en el mismo nivel. Por ejemplo, el caballero con capa y cuello de encajes era un guerrero en el \u00fanico tomo que llegu\u00e9 a ver de <em>El Tesoro de la Juventud. <\/em>Soldado y amante de la reina. Aventurero y poeta, Walter Raleigh. Con ese mismo traje ajustado, con su espada y una nave hab\u00eda pasado casi quinientos a\u00f1os antes frente a mi casa. El llamaba Amana lo que probablemente nosotros designamos hoy como Manamo.<\/p>\n<p>Aunque en carnavales acostumbraba a disfrazarme de negro (yo quer\u00eda ser negro), porque el prestigio peligroso y sexual de los trinitarios entusiasmaba a los muchachos del lugar, debo haberme disfrazado tambi\u00e9n alguna vez de caballero. Dicho de otro modo, yo era un poco el aventurero Raleigh, que pertenec\u00eda a los libros.<\/p>\n<p>Mucho despu\u00e9s iba a admirar su vida compleja, su valor y sobre todo sus Diarios. Pero con \u00e9l tuve curiosidad por aquellos hombres que, perdidos en el tiempo, hab\u00edan pasado frente a mi casa. Debo a un amigo, Gonzalo Moreno, informaciones raras y fant\u00e1sticas, de tan exactas, sobre mi propio ca\u00f1o. Por ejemplo, la presencia de submarinos alemanes en nuestras aguas durante la II Guerra. As\u00ed explicaba \u00e9l algunos comentarios de pescadores remotos, que le dec\u00edan haber visto a un monstruo de inmensos ojos verdes, bajo las aguas, por las noches.<\/p>\n<p>Pero si Raleigh pasaba frente a mi casa en 1591, si su hijo mor\u00eda cerca de los castillos, Am\u00e9rico Vespuci se hab\u00eda acercado a las puertas del Delta en 1499 y Col\u00f3n mismo el 2 de agosto de 1498. Son memorables las frases del Almirantes: \u201cCreo que all\u00ed es el para\u00edso terrenal, a donde no puede llegar nadie\u2026 Las se\u00f1ales son conforme que jam\u00e1s yo le\u00ed no o\u00ed tanta cantidad de agua dulce fuese vecina con la salada\u2026 No creo que se sepa en el mundo de r\u00edo tan grande y tan fondo\u2026\u201d<\/p>\n<p>No puedo detenerme en ellos ni nombrar a todos los viajeros que so\u00f1aron, recorrieron o han descrito a mi propio r\u00edo. Juan de Castellanos, Mat\u00edas de Tapia (con frases que me hacen pensar en la prosa de Milagros Mata Gil: \u201cMudo lamento de la vast\u00edsima y numerosa gentilidad que habita las dilatadas m\u00e1rgenes del caudaloso Orinoco\u201d), Humboldt, Robert Dudley, Nicol\u00e1s Federman, Loefling, disc\u00edpulo de Linneo, Stedman, Beauperthuy, Codazzi, Creavaux, Chaffanjon, Depons, Ernst, Gestacker, Koch-Grunberg, Cruxent, Jahn, Pittier, Torrealba, Vila, Elizabeth Burgos, Carmen Boullosa, Silda Cordoliani, Gustavo Guerrero, Luis Gal, Josu Landa,\u00a0 Adolfo Casta\u00f1on. La lista es impresionante y la detengo.<\/p>\n<p>Pero cito al inolvidable Jos\u00e9 Gumilla, de 1740, y a Stanko Vraz en los finales del XIX. Dice el primero: \u201cYa que se vino la pluma, casi de su propio peso, a las riberas de Orinoco\u2026 Y as\u00ed quedamos en un perpetuo est\u00edo, tanto m\u00e1s fogoso cuanto m\u00e1s apartados de las cumbres nevadas\u201d (<em>El Orinoco ilustrado<\/em>), y Enrique Stanko Vraz, checo, que quiso hacerse venezolano al conocer el r\u00edo, anota en su traves\u00eda en 1889, c\u00f3mo un baile en Ciudad Bol\u00edvar es regido por flores de la noche, por la \u201cflor de baile\u201d que despierta de su <em>momento mor\u00ed <\/em>para irradiar sensualidad y misterio, para lograr su plenitud a medianoche, como el baile y la sexualidad impl\u00edcita, hasta cerrarse, est\u00e9ril, al amanecer. (<em>A trav\u00e9s de la Am\u00e9rica ecuatorial<\/em>).<\/p>\n<p>Cierro este recorrido del pasado evocando a dos autores que nunca pisaron las tierras de Am\u00e9rica. Uno de ellos elev\u00f3 su fama de cart\u00f3grafo y erudito durante siglos. Es Joannes de Laet (1582), el holand\u00e9s, cuyo trabajo enciclop\u00e9dico, <em>Nuevo mundo o descripci\u00f3n de las Indias occidentales, <\/em>1625, no s\u00f3lo resume cuanto se sab\u00eda acerca de Am\u00e9rica en aquel tiempo, sino que discute uno que otro asunto geogr\u00e1fico, como cuando se interroga sobre el comentario de que el Orinoco y el Turmeque sean un mismo r\u00edo. Curioso t\u00f3pico, que va a desencadenar cientos de a\u00f1os m\u00e1s tarde, sin que tal vez el escritor franc\u00e9s conociera este dato, el tema de una novela de Julio Verne.<\/p>\n<p>Al otro, Verne, claro est\u00e1, todos lo conocen. Las maravillas, establecidas en remotas f\u00e1bulas chinas, en <em>La odisea, <\/em>en la <em>Utop\u00eda <\/em>de Jambulo, en <em>Las maravillas de Thule <\/em>de Antonio Di\u00f3genes, se sintetizan con Julio Verne en esos t\u00f3picos milenarios: la adivinaci\u00f3n del porvenir, la reconsideraci\u00f3n de lo que el pasado construy\u00f3 como porvenir.<\/p>\n<p>Poco antes de que Freud hiciera descender sobre la humanidad algunos de sus descubrimientos esenciales, Julio Verne lanz\u00f3 al hombre hac\u00eda territorios s\u00f3lo explorados por el inconsciente: la lejan\u00eda inalcanzable, el espacio estelar, el mundo subterr\u00e1neo, submarino. <em>El soberbio Orinoco <\/em>su irregular y un tanto cansada novela, cumple su sue\u00f1o de estar en el Orinoco. Lo cual me devuelve a aquella extra\u00f1a expresi\u00f3n de mi infancia: el r\u00edo estaba conmigo, pero tambi\u00e9n era remoto, inalcanzable.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-498 size-full\" src=\"https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-San-Felix-1980.jpg\" alt=\"\" width=\"2189\" height=\"1544\" srcset=\"https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-San-Felix-1980.jpg 2189w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-San-Felix-1980-300x212.jpg 300w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-San-Felix-1980-1024x722.jpg 1024w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-San-Felix-1980-768x542.jpg 768w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-San-Felix-1980-1536x1083.jpg 1536w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/En-San-Felix-1980-2048x1445.jpg 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 2189px) 100vw, 2189px\" \/><\/p>\n<h3>III<\/h3>\n<p>Ahora quiero relacionar a la \u201cliteratura en estado de pureza\u201d como hubiera dicho Alfonso Reyes, con el Orinoco. Acabo de mencionar a Julio Verne, quien atacado por su \u201cdemonio de la hidrograf\u00eda\u201d se dice a s\u00ed mismo que el r\u00edo venezolano atrae a los franceses. Y a toda Europa, aunque sea <em>El soberbio Orinoco <\/em>la pieza con que la ficci\u00f3n se apodere por completo del gran r\u00edo.<\/p>\n<p>Ya por estas riberas, es imprescindible se\u00f1alar a <em>Canaima<\/em>, drama escalofriante en el cual la insania humana parece ser comparada con los poderes terribles de la selva y el r\u00edo. A mi gusto, el s\u00edmbolo que quiso crear Gallegos se ha debilitado ante la actual situaci\u00f3n del planeta: no es la selva y su poder lo que nos destruye o condena hoy. Es ese misterio y horror de la selva virgen lo que debemos respetar para persistir en el planeta.<\/p>\n<p>En su ensayo <em>Orinoco, <\/em>tal vez de 1947, Enrique Bernardo Nu\u00f1ez sigue las huellas que llevan hacia Manoa, El Dorado, seg\u00fan el deslumbrado Raleigh y los mapas de Mercathor. Vislumbra el renombre del r\u00edo en el <em>Othello <\/em>de Shakespeare y cita los versos de Milton en <em>El para\u00edso perdido<\/em>: \u201cTierras a\u00fan sin saquear, cuya gran ciudad los hijos de Geryon llaman El Dorado\u2026\u201d \u00bfNo guardan las im\u00e1genes convocadas por escritores y artistas de ese tiempo una intima sujeci\u00f3n a los grabados De Brey, donde los hombres tienen ojos en los hombros y bocas en el pecho, son transparentes o inmortales?<\/p>\n<p>La actual narrativa venezolana posee dos nombres cuyo trabajo transcurre desde las m\u00e1rgenes (reales o imaginarias) del r\u00edo: Humberto Mata y Silda Cordoliani. Sensibilidades opuestas -estilo solar en Mata, inquietantes asociaciones sobre lo inmediato y el destino, desde percepciones de mujeres, en Cordoliani- ambos otorgan al cuento en Venezuela p\u00e1ginas memorables.<\/p>\n<h4>El n\u00famero de poetas nacidos en las tierras del Orinoco es nutrido.<\/h4>\n<p>Guillermo Sucre, voz mayor de la poes\u00eda y el ensayo, ha dedicado conmovedores momentos a la presencia del r\u00edo. En \u00e9l estar\u00e1n los or\u00edgenes de una imaginaci\u00f3n instintiva, de un sentimiento de la luz y la lujuria visual, intens\u00edsimos, que conducen la l\u00edrica del autor, momentos que tambi\u00e9n en esa obra son contrastados, dolorosamente, por el desarraigo y el odio. Citemos de manera muy breve un poema de <em>En el verano cada palabra respira en el verano<\/em>:<\/p>\n<blockquote><p><em>Todo empieza en una ciudad y un r\u00edo reverberando sobre una roca\u2026 Sabe que alg\u00fan d\u00eda ya no estar\u00eda all\u00ed. Tiene ahora catorce a\u00f1os y todo lo ha perdido. Quiere fijar la luz, tansparentar el r\u00edo. No se conoce ese aire o esa luz para sobrevivirlos. Esa piel de las piedras, c\u00e1lida, ya no volver\u00e1 a tocarla. Levanta la mirada. Un rostro ya tostado por el sol, ya tambi\u00e9n absorto. Un dios. Lo siente. Hay un dios con \u00e9l. O hay un dios que es \u00e9l, que est\u00e1 en \u00e9l. Solitario y hostil. Un adolescente que conoce la muerte.<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Si pudiera aplicar aquella experiencia personal con que inici\u00e9 estas p\u00e1ginas \u2013la sensaci\u00f3n de que nuestros gestos, la vida misma y, por tanto lo que se escribe, s\u00f3lo tiene como misi\u00f3n dar testimonio de aquello que nos ve vivir (la naturaleza, el r\u00edo en este caso, la cadena de los sucesos)- insistir\u00eda en que el r\u00edo ha lanzado al poeta Guillermo Sucre hacia una expectativa metaf\u00edsica: el r\u00edo es el dios que permite al adolescente creerse un dios, un perplejo, \u201csolitario y hostil\u201d.<\/p>\n<p>Una vivencia muy diferente nos entrega el otro gran poeta contempor\u00e1neo del Orinoco. Luis Garc\u00eda Morales en <em>El r\u00edo<\/em> <em>siempre<\/em> cambia de edad (es ni\u00f1o, es hombre; cambia de naturaleza, es caballo, es agua) y recorre con mirada carnal ese \u201clibro de im\u00e1genes que nunca fueron\u201d o que somos nosotros.<\/p>\n<p>Para Garc\u00eda Morales el r\u00edo es vital, fascinante, m\u00f3vil: un Orinoco de alma moment\u00e1nea, de misteriosa fuerza celestial: En el \u201cbronce azul\u201d encuentra \u201cla mano que mueve los oscuros mandalas de la sangre\u201d y en \u00e9l est\u00e1 nuestra ruta, la \u201cidentidad de su transparencia\u201d.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-501\" src=\"https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Con-Elizabeth-Burgos-San-Rafael-frente-a-los-Urrieta-1998.jpg\" alt=\"\" width=\"1424\" height=\"2144\" srcset=\"https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Con-Elizabeth-Burgos-San-Rafael-frente-a-los-Urrieta-1998.jpg 1424w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Con-Elizabeth-Burgos-San-Rafael-frente-a-los-Urrieta-1998-199x300.jpg 199w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Con-Elizabeth-Burgos-San-Rafael-frente-a-los-Urrieta-1998-680x1024.jpg 680w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Con-Elizabeth-Burgos-San-Rafael-frente-a-los-Urrieta-1998-768x1156.jpg 768w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Con-Elizabeth-Burgos-San-Rafael-frente-a-los-Urrieta-1998-1020x1536.jpg 1020w, https:\/\/perspectivadelta.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Con-Elizabeth-Burgos-San-Rafael-frente-a-los-Urrieta-1998-1360x2048.jpg 1360w\" sizes=\"auto, (max-width: 1424px) 100vw, 1424px\" \/><\/p>\n<blockquote><p>IV<\/p><\/blockquote>\n<p>P\u00e1rrafo tras p\u00e1rrafo he tratado de revelar aqu\u00ed lo que mi trato con las aguas convirti\u00f3 en existencia. Soy la huella de la maravilla y el horror orinoquense, soy su reflejo, pero sobre todo un intento de conciencia acerca de lo que el r\u00edo me otorg\u00f3, entreg\u00f3, me quit\u00f3.<\/p>\n<p>Haber nacido en el para\u00edso, tan inaccesible para Col\u00f3n, quiz\u00e1 haya sido, quiz\u00e1 sea, me digo a veces, la clave para entender por qu\u00e9 he recibido tanta felicidad, tantas alegr\u00edas y compensaciones. El r\u00edo es mi talism\u00e1n contra el dolor y la incomprensi\u00f3n. No s\u00f3lo amo al Orinoco. Tambi\u00e9n a las grandes ciudades. Pero prefiero aquellas que me reciben con las aguas de sus r\u00edos: Pittsburgh, Salamanca, New York,\u00a0 Viena. Y tambi\u00e9n los r\u00edos que circulan por la literatura, de los cuales no voy a hablar aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Dije al comienzo que ignoro c\u00f3mo fui acerc\u00e1ndome a la escritura. Tampoco s\u00e9 c\u00f3mo la imagen, el tema del r\u00edo invadi\u00f3 mis textos. Tal vez coloqu\u00e9 el fantasma de Hamlet junto al barranco \u2013en un cuento precoz- para que el r\u00edo adquiriese inter\u00e9s: era demasiado com\u00fan.<\/p>\n<p>Pero inexorablemente sus aguas cobraron espacio en la primera novela que publiqu\u00e9, <em>Marzo anterior<\/em>, y que escrib\u00ed a partir de los 19 a\u00f1os. Despu\u00e9s, han estado presentes como objeto de la narraci\u00f3n, y soy sincero al decirlo, bajo la forma de frases desconcertantes \u2013aun para m\u00ed-\u00a0 con que trato de percibir, definir mi relaci\u00f3n apasionada con el r\u00edo.<\/p>\n<p>Antes de los 40\u00a0 a\u00f1os\u00a0 titul\u00e9 <em>D<\/em> a otra novela,\u00a0 como homenaje al paisaje que me hace vivir: el Delta del Orinoco.<\/p>\n<h4>(<em>Texto in\u00e9dito<\/em>, escrito en 1985 para la revista mexicana <em>Blanco M\u00f3vil<\/em>)<\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Balza I Todav\u00eda resulta perturbador: en alg\u00fan momento advert\u00ed\u00a0 que la inmensidad de las aguas, consideradas como propias desde mi nacimiento, estaban afuera. 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